
Por Yolanda Pupo-Ortiz, Revista El Intérprete
Guillermo Debrot era alto, fuerte y de voz sonora. Pero al recordarlo, no lo llamo gigante por su altura o su voz, sino por su espíritu, ministerio y legado.
Guillermo Debrot nació el 26 de diciembre, 1924. Sus padres vivían en Holanda en ese entonces. Su padre nació en Armenia y su madre en Guatemala. Después de unos años, sus padres se mudaron a Guatemala, donde Debrot creció y completó sus estudios de secundaria (High School). Regresó a Holanda donde estudió Medicina por cinco años. Estaba ya a punto de terminar su carrera cuando lo sorprendió el llamado de Dios.
Su llamado comprueba una vez más que Dios no sólo insiste en su búsqueda sino que usa los métodos más inesperados para convencernos del camino a seguir. Debrot había ido a ver la película “Sansón y Dalila”, y le impresionó tanto que quiso leer la historia en su fuente original. Como no sabía exactamente dónde se encontraba, comenzó a leer la Biblia libro por libro desde Génesis, hasta que la encontró en Jueces 13-16. Sin embargo, ahí no terminó la lectura. La curiosidad se había convertido en hambre de saber más del mensaje que había descubierto. El llamado de Dios a servirle como pastor fue tan fuerte que Debrot dejó su carrera y se fue al seminario en Alemania a cursar sus estudios teológicos.
Cuando Debrot regresó a Guatemala, en 1955, sirvió por tres años como pastor en la Iglesia Central Presbiteriana. En 1959, se casó con la mujer que fue desde entonces su compañera del alma y fundó la Iglesia Presbiteriana San Juan Apóstol. Esther y Guillermo tuvieron tres hijos: Irene, Guillermo y Laura, ambos solteros. Debrot tenía una hija de un matrimonio anterior, Esther, la que murió a los once años de edad. Los que conocimos a Debrot sabíamos el lugar que aquella niña, a pesar de los años de separación, ocupaba en el corazón de su padre.
Cuando Debrot decidió mudarse a los Estados Unidos con su familia, fue capellán de los trabajadores agrícolas del tabaco, en Connecticut. De allí, ya unido a la Iglesia Metodista Unida, se trasladó para Chicago donde fue nombrado pastor de Humboldt Park UMC. En Chicago, hizo su doctorado en Antiguo Testamento, campo donde se distinguió como profesor en las Escuelas del Curso de Estudio de Perkins, en Dallas, Texas, y de Garrett-Evangelical, en Evanston, Illinois. Su pasión y vasto conocimiento del Antiguo Testamento lo llevó a Israel donde fue invitado a enseñar a los estudiantes de arqueología.
Por años, Debrot junto al Rdo. Finées Flores, trabajó arduamente a favor del ministerio hispano-latino y su preparación teológica. Además de ser escritor, colaboró con Flores en los años en que éste fue el editor de “el Intérprete”. Juntos establecieron la Escuela del Curso de Estudio, en Garrett-Evangelical Seminary. Los estudiantes que pasaron por sus clases recuerdan con gratitud no sólo la habilidad extraordinaria que tenía para enseñar, sino su corazón generoso, su profunda fe y su gran sentido del humor. Cuántos estudiantes han dado testimonio de cómo, al llegar a su clase, muchos de sus problemas y preocupaciones se desvanecían por el optimismo que les infundía y los chistes que los hacían reír. Durante el fin de semana o en alguna tarde libre, no era raro ver al profesor Debrot con un grupo de estudiantes a los que llevaba a alguna librería para llenarlos, con generosidad inaudita, de libros y otras cosas que necesitaran.
La Iglesia Metodista de Betania fue el segundo nombramiento de Debrot. Allí pastoreó y sirvió a la comunidad desde 1983 hasta su retiro en 1996. Una vez retirado, Debrot regresó con su esposa a su amada Guatemala donde siguió activamente abogando por la justicia a través de su periódico “Los Ecos”. Leyendo ese periódico muchas veces me pregunté cómo era posible que no hubiera sido ya acusado por alguien del gobierno. ¡Tan fiel era en su postura y mensaje de profeta!
Cuando fue diagnosticado con cáncer, no quiso someterse a quimioterapia. Decidió seguir un tratamiento natural. Pero como dijera Esther, su esposa, él confiaba especialmente en su buen Dios y en el gran número de hermanos y hermanas que oraban por él. En la mañana del 28 de marzo del 2009, tras una corta y valerosa lucha contra la enfermedad, el hermano Debrot fue llamado a su hogar celestial. Estaba preparado y murió tranquilo, nos dice su esposa, que ha demostrado estar llena del Espíritu de Dios con serenidad y fortaleza. Con ella a su lado y con la satisfacción de un ministerio triunfante pudo decir con el apóstol Pablo, “He peleado la buena batalla, he llegado al término de mi carrera, me he mantenido fiel” (2 Timoteo 4:7). Nuestro querido Debrot se unió a la gran estela de testigos donde recibió, sin lugar a dudas, la corona de vida.
© El Intérprete
Julio – Agosto 2009
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Publicado en este blog con el permiso de sus editores.
LA MISION DE INTERPRETE—La revista oficial de La Iglesia Metodista Unida—deberá ayudar las iglesias locales fomentan el ministerio y el crecimiento del reinado de Dios en allí comunidades y alrededor del mundo para ganar a discípulos para el jesucristo.
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